Desde hace ya algún tiempo no estoy muy al
tanto del celular y eso me hace sentir de alguna manera un poco liberada, así
que decidí tomarme un día sin celular y observar que era lo que sucedía si no
tenía este aparato conmigo.
La primera hora era como de angustia,
quería revisarlo, pero aguanté mis ganas y no lo hice, y conforme iban pasando
las horas me sentí mucho mas tranquila, pero por sobretodo “liberada”, siempre
estamos pendientes del celular, de quien nos llamó, escribió o de las
notificaciones de nuestras redes sociales favoritas.
El no haber tenido celular por un día
además me recordó que antes vivíamos sin ellos y éramos igual o mas felices
aun, nos sentábamos en las mesas a platicar, o a ver televisión en familia, o
simplemente una salida con amigos de toda la vida.
Esta era ha evolucionado a pasos
agigantados y no podemos darle el alcance, aun no entendemos el celular que
tenemos y ya salió la última versión del mismo.
Extraño mucho mi niñez, en donde estar
comunicados era literalmente enviarme una carta manuscrita a alguien, o
sentarte en el teléfono fijo (si es que tenias) de tu casa y hablar con tus
amigas, mientras tus padres te llamaban la atención por ocupar el teléfono
durante tanto tiempo, ya que podía entrar otra llamada que fuese realmente
importante. Eran, por supuesto, otros tiempos.
Veo hoy que los grupos de amigos que
salen a departir no comparten mucho, están todos juntos pero a la vez cada uno
en su equipo celular y eso a mi humilde entender no es comunicación ni
acercamiento y mucho menos un momento de compartir.
He disfrutado mucho mi día sin mi
celular, me he sentido liberada, libre, sin ataduras a un objeto que es solo
eso “un objeto”, me quedo feliz, satisfecha y contenta de haberlo hecho.
Te invito a probar vivir un día sin tu
celular, es una experiencia reconfortante.
Infinitas Epifanías para Ti!

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